Baracoa es tierra encantada
Baracoa, situada en la región más oriental de Cuba, es tierra que cautiva. La idea se corroboró desde hace siglos con la descripción que hicieron tanto el conquistador español Cristóbal Colón como los cronistas que le acompañaron en los primeros días de recorrido por estos territorios de la Isla, donde Velázquez fundó años después la primera villa.
Bajo los efectos de un mundo desconocido y de inagotables bellezas naturales se expresaron pródigos adjetivos para realizar el retrato de la zona. Según el clérigo Bartolomé de las Casas, Colón declaró que... “allí era el propio lugar para hacer una villa é ciudad y fortaleza por el buen puerto, buenas aguas, buenas tierras, buenas comarcas y mucha leña”.
La apacible y otrora Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, que en lengua arauca significa existencia del mar, fue la primera villa fundada en Cuba en 1511 por Diego Velázquez, personaje cuya osadía y espíritu aventurero, junto a ciertos privilegios recibidos de personas influyentes, permitieron que fuese elegido para acaudillar la empresa de la conquista de Cuba.
A Baracoa se puede llegar por mar, por avión o por la carretera de Moa, pero como más se disfruta la aventura es recorriendo La Farola, un zigzagueante viaducto, maravilla de la ingeniería cubana, construido en los años 60 del pasado siglo con once puentes colgantes al vacío y cuya altura máxima está a los 600 metros, en los Altos de Cotilla, desde donde pueden apreciarse, en toda su majestuosidad, los más autentico paisajes cubanos.
En la primogénita trabajan, sueñan y viven unos 50 000 habitantes, gente afable, hospitalaria y presta siempre a ayudar al forastero y a enseñarle las riquezas que atesora su hermosa ciudad, recreada por músicos, pintores, poetas y escritores de la talla de Alejo Carpentier, quien en una de sus novelas más conocidas, La Consagración de la Primavera, incorporó a uno de los personajes más famosos de la oriental zona, la Rusa de Baracoa.
La villa, gracias al asilamiento que tuvo durante siglos, se presenta en la actualidad como una de las regiones mejor conservadas del Caribe en cuanto a su autenticidad. Y si el Almirante Cristóbal Colón volviera por estos lares tal vez pudiera apreciar como el exuberante entorno ha cambiado poco y hasta tal vez se entusiasme por recorrer en Cayuca (especie de canoa) el Toa, el río más caudaloso de Cuba, a cuyos lados transcurre, casi inerte, la más exótica vegetación de la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto.
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